Por Daniel Cifuentes

Existen numerosas congregaciones que se unen, organizan y marchan contra lo que consideran bíblicamente aceptado. En Chile este año se llevó a cabo una marcha a favor de la familia, la cual lucha contra el matrimonio homosexual, y la adopción de niños en dichos matrimonios. Pero este no es el punto específico. Dentro de los núcleos más pequeños también se presentan este tipo de problemas, familias cristianas rechazando a sus familiares homosexuales, o peor aún, divisiones familiares por credos religiosos, luchas sin cuartel contra lo que se considera indecoroso o blasfemo, de parte de personas que no son cristianas, pero con quienes comparten un lazo de sangre o afectivo.

En mi caso personal, antes de casarme con quien es hoy mi esposa, la distancia entre nuestros hogares hacía muy difícil vernos, por lo que regularmente uno se quedaba en casa de otro para disfrutar el tiempo de fin de semana, pero los dueños de casa donde vivía en ese entonces son Testigos de Jehová. En lo personal para mí eso no fue problema, porque nosotros respetamos las condiciones del hogar, como debe ser, y ellos nos permitieron algo tan simple y puro como pasar la noche en la casa, en camas y piezas separadas y con todas las reglas impuestas. Todo marchó bien por un tiempo, hasta que una vecina, también Testigo de Jehová, dio aviso al anciano de su congregación que el nieto de su “hermano” estaba metiendo a una “polola” a la casa por todo el fin de semana. Conclusión: El anciano visitó la casa de mis abuelos, entró a mi pieza, preguntó por qué mi cama era de dos plazas, y amenazó a mi abuelo (más de 80 años) con que, si seguía permitiendo que una mujer no casada se quedara a dormir en la casa, él perdería todos los privilegios obtenidos en la organización por sus más de 40 años como miembro. A mí, como hijo de Dios, pero no Testigo de Jehová, esto me indignó y me entristeció mucho, porque el anciano ni siquiera preguntó como manejábamos las cosas en casa, con respeto y amor, él solo impuso su ley “teocrática” y amenazó a mi abuelo, poniéndolo contra mí. Y si esto me pasó siendo creyente, cuanto más debe indignar este tipo de comportamientos a quienes no lo son! sintiendo su libertad o albedrío desmembrado por la obsesiva necesidad de ganar almas para Cristo (en la iglesia correspondiente, obvio).

Entiendo como creyente de la palabra de Dios, que esta es para quien “crea” en ella, e imagino que las reglas de cada organización o religión deberían aplicarse de la misma forma. Llevando esto a un plano demográfico ¿Cómo puedo someterme a la autoridad y las reglas de China y soy un ciudadano Chileno?

Este tipo de situaciones generan en los no-cristianos rechazo, odio y burla contra la fe, contra Dios y todo lo que a él pertenezca. Entonces, cómo puedo ganar a los pecadores si los rechazo junto con el pecado? Cómo le puedo decir a alguien pecador si no comprende lo que es pecar, si no siente que está pecando porque, como no cree en Dios, no se rige a sus reglas. Por este tipo de situaciones, el no-cristiano se siente excluido, y al ver que los hermanos se reúnen en la Plaza Italia para amedrentarlo, cuando se va a acercar a Dios? En lo personal me da mucha rabia y pena cuando un cristiano rechaza a un pecador, porque Yeshúa hizo todo lo contrario.

Mateo 9:

9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.

10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.

11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

Yo quiero que el Reino de Dios llegue pronto, para que la injusticia y el dolor terminen de una vez, pero si las cosas no suceden como están escritas, cuando llegará? Quien soy yo para retrasar los planes de Dios? Estos gobiernos serán juzgados y eliminados. Estos gobiernos pertenecen al mundo. Quien soy yo para evitar lo inevitable? Si queremos hacer la obra de anunciar las buenas nuevas al mundo, primero debemos comprender cual es el verdadero evangelio, para entregarlo a los corazones que abran la puerta al llamado, pero si nos ponemos en contra del pecador, cómo se arrepentirá de su pecado?