Sucederá después de esto que derramaré mi Espíritu sobre todo mortal. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. Vuestros ancianos tendrán sueños; y vuestros jóvenes, visiones.
En aquellos días también derramaré mi Espíritu sobre los siervos y las siervas
.”
(Ioel / Joel 3:1,2)

En la teología cristiana, el Espíritu Santo —o equivalentes como son, entre otros, Espíritu de Dios, Espíritu de verdad o Paráclito (del hebreo שכינה (shejiná): acción o presencia de Dios, del griego parakletos: aquel que es invocado, del latín Spiritui Sancti: Espíritu Santo)— es una expresión bíblica que se refiere a una compleja noción teológica a través de la cual se describe una “realidad espiritual”1 suprema, que ha sufrido múltiples interpretaciones en las diferentes confesiones cristianas y escuelas teológicas.

De esta realidad espiritual se habla en muchos pasajes de la Biblia, con las expresiones citadas, sin que se dé una definición única. Esto fue el motivo de una serie de controversias que se produjeron principalmente a lo largo de tres periodos históricos: el siglo IV como siglo trinitario por excelencia, las crisis cismáticas de oriente y occidente acaecidas entre los siglos IX y XI y, por último, las distintas revisiones doctrinales nacidas de la reforma protestante.
En torno a la naturaleza del Espíritu Santo se sostienen básicamente cuatro interpretaciones:
Según las interpretaciones de carácter modalista, el Espíritu Santo es una fuerza o cualidad divina al modo de la sabiduría, la belleza, el amor o la bondad. El unitarismo, si bien guarda diferencias teológicas básicas con el modalismo, comparte esta visión de un Espíritu Santo impersonal que actúa siendo el Poder o Fuerza Activa de Dios. En cualquier caso, ambas corrientes comparten la visión de que el Espíritu Santo no es “algo” sino alguien.
Según las interpretaciones de carácter arriano, el Espíritu Santo es una entidad espiritual o naturaleza angélica de carácter excelso, muy cercana a la divinidad, pero diferente a ella por su condición de criatura.
Según las interpretaciones de carácter triteísta2 el Espíritu Santo es otro Dios, quizá de carácter inferior al Dios principal, pero que comparte con él la cualidad de ser increado.
Las interpretaciones de carácter trinitario consideran al Espíritu Santo como una persona divina, noción con la que se asume la divinidad del Espíritu Santo, manteniendo, sin embargo, la unicidad del principio divino. Esta es la doctrina del cristianismo católico, del cristianismo ortodoxo y de algunas denominaciones protestantes.
Sobre la procedencia del Espíritu Santo, existe cierta unanimidad entre las diferentes confesiones cristianas. A excepción de la interpretación triteísta, que asume al Espíritu Santo como un ser increado e independiente de Dios, las otras tres interpretaciones consideran que procede de Dios, aunque se diferencian en la forma. En el modalismo, procede como fuerza, en el arrianismo como criatura y en el trinitarismo como persona. El trinitarismo aborda, además, una cuestión adicional propia de su marco teológico. Distingue entre la procedencia del Padre y la procedencia del Hijo, cuestión conocida como cláusula filioque.
En lo referente a las cualidades del Espíritu Santo, los teólogos cristianos asumen que es portador de dones sobrenaturales muy diversos que pueden transmitirse al hombre por su mediación. Si bien la enumeración de los dones puede variar de unos autores a otros y entre distintas confesiones, existe un amplio consenso en cuanto a su excelencia y magnanimidad.
La mayor parte de las iglesias cristianas, y entre ellas las principales, se declaran trinitarias. Existen también iglesias no trinitarias que confiesan alguna de las otras modalidades interpretativas.

La Biblia contiene un conjunto de expresiones que aluden a una «realidad divina» en la que creen el judaísmo y el cristianismo. La siguiente es una lista de tales expresiones:

Espíritu Santo,3 Espíritu de santidad,4 Espíritu de Dios,5 Espíritu Santo de Dios,6 Espíritu de la verdad,7 Espíritu recto,8 Espíritu generoso,9 Espíritu de Cristo,10 Espíritu de adopción,11 Mente de Cristo,12 Espíritu del Señor,13 Señor mismo,14 Espíritu de libertad,14 Dedo de Dios,15 Paráclito16
De todas ellas, «Espíritu Santo» es la expresión principal, la más conocida y la que más se usa en el cristianismo. El Libro de Sabiduría caracteriza a este Espíritu en los siguientes términos:
Espíritu inteligente, santo, único y múltiple, sutil, ágil, penetrante, inmaculado, claro, inofensivo, agudo, libre, bienhechor, estable, seguro, tranquilo, todopoderoso, omnisciente, que penetra en todos los espíritus inteligentes puros sutiles. (Sabiduría 7:22-23)
Existe una cita del profeta Isaías donde se enumeran los «dones del Espíritu Santo»:
Espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fuerza, ciencia, piedad, temor de Dios. (Isaías 11:2)
Estos dones se completan con los «frutos del Espíritu»17 que aparecen en la Epístola a los gálatas:18
…amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. (Ga 5, 22-23)
Todas estos «nombres», «dones» o «frutos» van implícitos en la expresión «Espíritu Santo» y hacen de ella una noción teológica muy rica. A pesar de esta diversidad de nombres, en la teología cristiana se dice, sin embargo, que no existe más que uno y un mismo Espíritu, consideración para la que los teólogos aducen una cita de Pablo de Tarso.19

El pneuma divino

El vocablo «espíritu» traduce el griego «πνευμα» (pneuma) y el hebreo «ruaj». Se trata de una traducción incompleta ya que «ruaj» y «pneuma» también se traducen como «aire» (ej: pneumático). Aire y espíritu son cosas distintas para nosotros pero aparecían relacionadas en el griego y el hebreo antiguos. Lo que actualmente es una doble acepción era en esos idiomas una identidad de conceptos.
Existen dos grandes clases de teologías sobre el Espíritu Santo: las que resaltan el aspecto «aire» y la que resaltan el aspecto «espíritu». Dichas teologías coinciden a grandes rasgos con la judía20 y la cristiana.21
Bibliografía: Rodríguez Carmona: op. cit. pp. 347-351 ; Mateo Seco: op. cit. pp. 21-22 ; Reina Valera. Nota al pie de Ezequiel 2,2

Los dones

En el judaísmo y el cristianismo se cree que el Espíritu Santo puede acercarse al alma y transmitirle ciertas disposiciones que la perfeccionan. Estos hábitos se conocen como los «dones del Espíritu Santo». La relación de dones varía entre las diferentes denominaciones cristianas. La teología católica y la ortodoxa reconocen siete dones pues siguen tradicionalmente la cita de Isaías. A continuación se enumeran estos siete dones con una somera descripción.

Temor de Dios
Sabiduría
Entendimiento
Consejo
Piedad
Fortaleza
Ciencia

Para los Cristianos no Católicos los dones del Espíritu Santo, según 1ªCorintios 12 son:

A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros, por el mismo Espíritu, palabra de ciencia; a otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo Espíritu, dones para sanar enfermos; a otros, el hacer milagrosos; a otros, profecía; a otros, el discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el interpretar lenguas. (1 Co 12:8-10)
Bibliografía. Mateo Seco: op. cit. pp. 258-270

Los frutos

En la teología cristiana, se dice que la cercanía del Espíritu Santo induce en el alma una serie de hábitos beneficiosos que se conocen como frutos del Espíritu y que constan en la Epístola a los gálatas 5:22. Los frutos, doce según la tradición y la versión Vulgata, son:22

Caridad
Gozo
Paz
Paciencia
Longanimidad
Bondad
Benignidad
Mansedumbre
Fidelidad
Modestia
Continencia
Castidad

Los frutos son producto de la obra del Espíritu. El número de nueve citado en el Nuevo Testamento es sólo simbólico pues, como afirma Tomás de Aquino, «son frutos de cualquier obra virtuosa en la que el hombre se deleita».23
Bibliografía. Mateo Seco: op. cit. pp. 270-274; Ver Dones del espíritu ; Ver Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 390

El Espíritu Santo en la Biblia

En esta sección están reunidos los relatos bíblicos básicos acerca del Espíritu Santo. Los tres primeros pertenecen al Antiguo Testamento y son comunes, por tanto, al judaísmo y al cristianismo. Los siguientes pertenecen al Nuevo Testamento, en concreto a los evangelios y a los Hechos de los apóstoles. Por último, hay un breve apartado dedicado a las epístolas.

Poder creador y fuerza vital

El libro del Génesis menciona varias veces el “espíritu de Dios” o el “aliento de Dios”. Para el judaísmo se trata de una cualidad de Dios, no de un ser autónomo pero para la teología cristiana éstas son las primeras intervenciones del Espíritu Santo en la historia bíblica. En el relato de la creación del mundo el versículo Gen 1:2 dice que «el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». Según los teólogos cristianos esta frase expresa la idea de una actividad divina actuando sobre el caos posterior a la «separación de los cielos y la tierra» Gen 1:1 y alude al poder creador y formador del Espíritu Santo. Sin embargo, la palabra hebrea traducida por “espíritu” puede significar también “viento”, “soplo” o “aliento”24 por lo que otros autores han traducido este pasaje como «un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas»25 o incluso «un fuerte viento iba y venía sobre las aguas».24

Este relato culmina con la creación de Adán. Dios modela su cuerpo del barro e insufla en su rostro el «aliento de la vida» Gen 2:7. Este «aliento de vida» se refiere a la cualidad animadora del Espíritu. Por otro lado, en el libro de Job éste afirma que «El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida» Job 33:4. Por ello el Credo cristiano dice del Espíritu Santo que es «señor y dador de vida».

Los exegetas cristianos también identifican al Espíritu Santo en la expresión «dedo de Dios», que aparece en varios lugares del Antiguo Testamento. Las tablas de la ley, por ejemplo, fueron escritas por el «dedo de Dios» Éxodo 31:18. También en Éxodo 8:18-19, al hilo de la tercera plaga de Egipto. Dicha plaga se produce cuando Aarón golpea la tierra con su cayado y todo el polvo se convierte en mosquitos o piojos. Dicha expresión simboliza la fuerza o el poder de Dios obrando con imperio sobre la naturaleza. Aparece también en el Nuevo Testamento Lucas 11:20 en relación con la expulsión de demonios.

Además de todo esto, el Espíritu Santo tiene una virtud santificadora que «penetra en todos los espíritus inteligentes, puros, sutiles» (Sb 7, 23), es decir, en los ángeles y, por extensión, todo hombre que alcance cierta pureza de ánimo.

Citas bíblicas: Génesis 1:2;Génesis 2:7; Éxodo 8:18-19; (Sabiduría 7,23) ;Lc 11:20
Bibliografía. Granado Carmelo: op. cit. pp. 33-36 ; Mateo Seco: op. cit. pp. 21-23, 152

Espíritu guía de los Reyes

Según el relato bíblico, el Espíritu Santo guio al pueblo judío eligiendo e inspirando a sus gobernantes. El primer libro de Samuel 1Sa 8:4-5 relata que los ancianos de Israel exigieron un rey que los gobernase. Samuel, que era juez, consultó a Dios, quién señaló a Saúl con el gesto de derramar sobre él su Espíritu 1Sa 10:6-7. Saúl fue aceptado por el pueblo convirtiéndose así en el primero de los reyes de Israel. Después de eso, Saúl fue reprobado por Dios a causa de su mal comportamiento, y se le retirará el Espíritu 1Sa 16:13-14 en favor de David. El Rey David es el arquetipo de gobernante predilecto por Dios. En el Salmo 51 Sl 51, David se lamenta de que puede perder el favor de Dios a causa de sus pecados e implora que no se le retire el Espíritu Sl 51:12-14. El pecado al que se refiere es el de inducir la muerte de Urías en el campo de batalla para quedarse con su mujer Betsabé (2 Samuel 11).

El Nuevo Testamento afirma en los evangelios sinópticos que el espíritu inspirador de los reyes es el mismo Espíritu Santo de la tradición cristiana. Mr 12:36.

Citas bíblicas: 1 Samuel 10:6-7;1 Samuel 16:13;1 Samuel 16:14;Sl 51;Marcos 12:36;Mateo 22:43-44;Lucas 20:41-47;
Bibliografía. Mateo Seco: op. cit. pp. 23 ; Rodriguez Carmona: op. cit. pp. 347-351

Espíritu de profecía

La teología cristiana y la judía afirman que el Espíritu Santo inspiró los dichos y las acciones de los profetas bíblicos. Los principales profetas bíblicos son Isaías, Jeremías,Ezequiel, Daniel. Además, están los conocidos como profetas menores Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Najum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. El siguiente ejemplo está sacado del libro de Ezequiel:

Después de hablar esa voz, el Espíritu entró en mí y pude escucharle. (Ez 2,2)
Este otro ejemplo es del Nuevo Testamento:

Mientras celebraban el oficio, dijo el Espíritu Santo: Reservadme a Pablo y Bernabé para la obra que les voy a encomendar. (Hch 13,2)

La tradición cristiana hereda del judaísmo esta tradición. En los Hechos de los apóstoles, el Espíritu Santo inspirará en numerosos pasajes a los apóstoles. Pablo hablaba del Espíritu Santo en sus epístolas. En la primera epístola a los corintios recomendaba alcanzar, por ejemplo, el don de profecía antes que el de lenguas, y ello por ser más provechoso 1Co 14:1.

La creencia en el don de profecía del Espíritu queda reflejada en el credo cristiano cuando dice «…y que habló por los profetas».
Citas bíblicas: Isaías 61:1;Isaías 63:10;Mateo 10:20;Marcos 13:11;Lucas 12:12;Lucas 21:15
Bibliografía. Rodriguez Carmona: op. cit. pp. 347-351; Granado, Carmelo: op. cit. pp. 36-37

El Espíritu Santo durante la natividad e infancia de Jesús

Lucas y Mateo, los evangelistas de la infancia de Jesús,26 comienzan sus escritos con los relatos de la natividad y la infancia de Jesús, donde se recogen varias intervenciones del Espíritu Santo. La más importante de todas es la «Concepción del Verbo» en el seno de María. En torno a este suceso, Lucas se extiende con la narración de la concepción y nacimiento, también extraordinarios, de Juan el Bautista. Mateo, más escueto, se limita a informar del suceso a través de un sueño que tiene José de Nazaret.

En el relato de Lucas, además de las dos anunciaciones que realiza el ángel Gabriel a Zacarías (Lc 1:11-17) y a María (Lc 1:26-38), el Espíritu Santo obra la concepción de esta última (Lc 1:35), y asimismo las inspiraciones que reciben Isabel, durante el episodio de la «Visitación» (Lc 1:39-42), y Zacarías, tras la elección del nombre de su hijo (Lc 1:67). Este relato se completa con la inspiración que recibe el sabio Simeón, quién reconoce en el niño Jesús durante su presentación en el templo al «Cristo del Señor» (Lc 2:25-32). En general, el relato de Lucas tiene muchas menciones al Espíritu Santo descritas con un estilo propio que se mantiene también en los Hechos de los apóstoles.

Citas bíblicas: Mt 1:18;Mt 1:20;Lc 1:15;Lc 1:35;Lc 1:41;Lc 1:67;Lc 2:25;Lc 2:26;Lc 2:27

Bautismo en el Jordán

El Bautismo de Jesús en el río Jordán da comienzo a su vida pública. Los cuatro evangelios dicen que, estando Juan el Bautista bautizando, se acercó a él Jesús para que le bautizase. Después de alguna vacilación, Juan accedió y, en el momento del bautismo, descendió sobre Jesús el Espíritu Santo en forma de paloma. Este pasaje proporciona el motivo iconográfico más utilizado para representar al Espíritu Santo (la paloma).

Después del bautismo, el Espíritu Santo inspira todas las palabras y acciones de Jesucristo. La primera decisión del Espíritu es retirar al desierto a Jesús durante cuarenta días, donde será tentado en tres ocasiones Lucas 4:1-13. También por inspiración suya vuelve a Galilea Lucas 4:14 donde tendrá lugar el episodio de la sinagoga de Nazaret.

La relación entre Jesucristo y el Espíritu Santo se prolonga más allá de la vida de éste, pues el Espíritu Santo resucita a Cristo. Una vez resucitado, los evangelios narran que Cristo da su «Espíritu» a los apóstoles.

Citas bíblicas: Lc 3:16;Lc 3:22;Mt 3:11;Mt 3:16;Mr 1:8;Mr 1:10;Jn 1:32;Jn 1:33;Mt 4:1;Lc 4:1;Lc 4:14;Mr 1:12
Bibliografía. Mateo Seco: op. cit. pp. 50-53

La transfiguración

Este es un ejemplo donde, a pesar de no existir ninguna mención explícita al Espíritu Santo, el pasaje es interpretado como tal. La narración bíblica coincide en los evangelios sinópticos. Pedro, Santiago y Juan acompañan a Jesús de Nazaret hasta la cima del monte Tabor. Una vez allí, la figura de Jesús se transfigura, quedando envuelta en una aureola resplandeciente. A su lado, aparecen Moisés y Elías. Entonces, una nube los envuelve y se oye una voz que dice: «Este es mi hijo amado, escuchadle».

En todo el pasaje no se menciona al Espíritu Santo. Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa interpreta el pasaje en un sentido trinitario, asumiendo que la voz que se oye es la del Padre y la nube que los envuelve, el Espíritu Santo. La nube sería en este pasaje el Espíritu Santo de forma análoga a la paloma en el Bautismo del Jordán. La transfiguración es una fiesta muy estimada en la liturgia ortodoxa como manifestación plena de la trinidad.27

La transfiguración es un ejemplo de experiencia mística.28 Expresiones como «la subida al monte» o «el matrimonio espiritual» tienen un largo arraigo que se remonta a los Padres de la Iglesia. La «nube» es otro de esos símbolos.29
Citas bíblicas: Mt 17:5;Lc 9:34;Mr 9:7

Fórmula bautismal

Cada evangelio sinóptico concluye con la misión evangélica última que Jesús da a los apóstoles. Donde Lucas habla veladamente diciendo: «Vosotros daréis testimonio de esto» (Lc 24, 48), Marcos aporta un mandato firme: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15) que Mateo concreta en lo que se conoce como «la fórmula bautismal»:

«enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19)

Está fórmula tiene una importancia capital ya que se trata de una enumeración que, al menos en apariencia, parece equiparar el papel del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el Bautismo. Su importancia en los primeros siglos del cristianismo queda atestiguada por su mención explícita en la sección litúrgica de la Didaké, en concreto en (VII, 1-4). Tres siglos después, esta fórmula proveerá a los trinitarios de uno de sus más sólidos argumentos.

La fórmula trinitaria convivió con la fórmula bautismal cristológica. Esta última se acuñó en el relato de la conversión del eunuco de Etiopía (Hechos 8:26-40). Es allí donde se pronuncia la versión más antigua del llamado «símbolo de los apóstoles» o Credo.
Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. (Hch 8,37)

A lo largo de los siglos se impusieron las fórmulas trinitarias.
Citas bíblicas: Lc 24:48;Mc 16:15;Mt 28:19

Bibliografía. El símbolo de los apóstoles en el Quasten ; La didaké en el Quasten ; Mateo Seco: op. cit. pp. 235-239 ; Basilio de Cesárea: op. cit. pp. 144-145
Pentecostés

El libro de los Hechos de los apóstoles ha sido llamado «el Evangelio del Espíritu Santo» por su profusión y abundancia de citas.30 El capítulo 2 relata el acontecimiento de Pentecostés:

En el día de Pentecostés, y estando reunidos en un lugar, sucedió de repente que se produjo un ruido como del cielo parecido a un viento. Aparecieron entonces lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos, llenándose todos del Espíritu Santo. Comenzaron a hablar en lenguas extrañas. (Hch 2, 1-4)

La entrega a los discípulos del «Espíritu de Dios» supone que, a partir de ese momento, el Espíritu Santo guiará sus palabras y sus actos, por lo menos en los momentos capitales.

Hay precedentes de la entrega del Espíritu Santo en los Evangelios, por ejemplo, en el evangelio de Juan, donde se dice:
Recibid el Espíritu Santo. A quién perdonareis los pecados, les serán perdonados. A quienes se los retuviereis, les serán retenidos.
Jn 20, 23

Las numerosas recepciones del Espíritu que se narran en los hechos de los apóstoles son acompañadas en general de la administración del bautismo. Es frecuente que bautismo y Espíritu lleguen juntos aunque no necesariamente. En la predicación realizada por Felipe en Samaria, éste sólo bautiza. Han de venir después Pedro y Juan para infundir el Espíritu (Hch 8, 12-17). La conversión del centurión Cornelio sucederá justo al revés: primero se recibirá el Espíritu y luego se administrará el bautismo.
Citas bíblicas: Hch 1:2;Hch 1:4;Hch 1:8;Hch 1:56;Hch 2;Hch 2:33;Hch 2:38;Hch 4:7;Hch 4:31;Hch 5:1-11;Hch 5:32;Hch 6:5;Hch 6:10;Hch 7:51;Hch 7:55;Hch 8:15-18;Hch 8:29;Hch 8:39;Hch 9:17;Hch 9:31;Hch 10:19;Hch 10:38;Hch 10:44;Hch 11:12;Hch 11:24;Hch 13:1;Hch 13:4;Hch 13:9;Hch 13:52;Hch 15:8;Hch 15:28;Hch 16:6;Hch 16:7;Hch 19:2;Hch 19:6;Hch 20:22-23;Hch 20:28;Hch 21:4;Hch 21:11;…
El Espíritu Santo y la gentilidad

El capítulo 10 de los hechos de los apóstoles relata la historia del centurión Cornelio. Cornelio fue el primer cristiano no judío en recibir el Espíritu Santo y ser bautizado.

Aún estaba Pedro diciendo estas palabras cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que le oían, quedando fuera de sí los circuncidados de que el don del Espíritu se derramase sobre los gentiles porque les oían hablar en varias lenguas y glorificar a Dios.
Hch 10, 44-46

Con independencia de que este episodio sea histórico, alegórico o cualquier otra cosa, sí es cierto que a partir de cierto punto, el cristianismo rebasó la esfera de influencia de la sinagoga judía y llevó la predicación a los ámbitos paganos. Esta decisión, que el libro de los Hechos atribuye a Pedro, fue desarrollada típicamente por Pablo de Tarso, quién a través de sus viajes por Asia y Europa, fundó las primeras comunidades cristianas no judías. También, como consecuencia de esto, se produjo la separación e independencia del cristianismo respecto del judaísmo.
Citas bíblicas: Hch 13;Hch 14;Hch 15;Hch 16;Hch 17
Bibliografía: Becker, Jünger: op. cit. cap. 5

Las epístolas

Las epístolas son un conjunto de escritos bíblicos de transición. Contienen las primeras reflexiones sobre el cristianismo y gozan de carácter y autoridad apostólicos. De especial importancia son las epístolas de Pablo de Tarso que, auténticas o no, desarrollan los primeros gérmenes de la teología cristiana.
La epístola a los romanos contiene la principal exposición de la teología paulina y numerosas menciones al Espíritu Santo. Es uno de sus principales escritos.
La primera epístola a los corintios contiene unas reflexiones muy tempranas que tendrán una fuerte influencia en autores posteriores. Los capítulos 2, 12 y 14 son textos clásicos en lo que al Espíritu Santo se refiere.
2 Corintios tiene la bendición más antigua en la que aparecen el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo.31
La epístola a los gálatas contiene la cita sobre los frutos del Espíritu.32

La epístola a los efesios tiene una mención sobre la acción del Espíritu Santo como un sello33 y una advertencia para no entristecer al «Espíritu Santo de Dios».6

La epístola a los filipenses se refiere al Espíritu Santo como «Espíritu de Dios»34 y habla de la «donación del Espíritu de Jesucristo».35 También habla de aquellos que reciben «alguna comunicación del Espíritu».36

1 Timoteo tiene un par de menciones.37

2 Timoteo menciona al Espíritu Santo en relación con las virtudes cristianas.38

Tito tiene una referencia a la regeneración por el Espíritu Santo.39

La epístola a Filemón no tiene menciones. La epístola a los colosenses tiene una mención menor aislada.40

Hebreos, por tratarse de una epístola dirigida a una comunidad próxima al judaísmo, pone con frecuencia por testigo al Espíritu Santo. El capítulo primero debate la cuestión de si Cristo es superior a los ángeles.
La primera epístola de Pedro menciona que la resurrección de Cristo es obra del Espíritu.41 La segunda epístola de Pedro reafirma el carácter profético del Espíritu Santo.42
La primera y segunda epístola de Juan contienen algunas fórmulas que excluyen al Espíritu Santo.43 Dice en otro punto que Cristo «..nos dio de su Espíritu».44 Asimismo, el Espíritu da testimonio porque «el Espíritu es la verdad».45 Nada menciona la tercera epístola de Juan, muy sucinta ella.
La epístola de Judas tiene una sencilla recomendación de orar en el Espíritu Santo.46

El Espíritu Santo en el judaísmo

En la teología judía, el Espíritu Santo es mentado como «Ruaj Hakodesh», expresión que puede traducirse como el «aliento de Dios» o «Espíritu de Dios». Dicho Espíritu es una personificación del poder creador y vital divino a través del cual Dios participa en la creación y opera sobre ella. Nunca se trata de algo autónomo e independiente, que tenga voluntad propia, sino de una cualidad de Dios, al modo que la belleza o la sabiduría de una persona opera y actúa como fuerza efectiva, sin que se puedan separar empero de su portador. En tanto que aliento, se puede decir figuradamente que «habla». En tanto que fuerza creadora y vivificante, se puede decir que «crea» y «mantiene creado» el mundo.

Tal como se ha mencionado anteriormente, otro aspecto de su «economía» es la de dirigir a reyes y profetas. Por él, los reyes son ungidos y capacitados para gobernar. Por él, los profetas son inspirados y comunican el mensaje de Dios. Dado que el Espíritu Santo lo conoce todo, se le atribuye el don de profecía. Asimismo es el vehículo de la revelación. En consecuencia, el Espíritu Santo es el inspirador de la Biblia hebrea.

El Espíritu Santo, cuando habita en una persona, la purifica elevando su condición moral. En este sentido, la persona es «santificada» por su acción. Asimismo, puede perderlo a causa de su debilidad.
Bibliografía: Rodríguez Carmona: op. cit. pp. 347-351
[editar]El Espíritu Santo en la teología cristiana

En contra de lo que se pudiera suponer, esta cuestión no fue una mera controversia entre especialistas. Un autor del siglo IV, Gregorio de Nacianzo, comentaba al respecto:

En Constantinopla, si entrabas en una tahona para comprar un pan, el panadero, en vez de deciros el precio, se ponía a argumentar que el Padre es mayor que el Hijo; el cambista discutía del Engendrado y del Eterno en vez de contarte el dinero; y si querías tomar un baño, ¡el bañero te aseguraba que el Hijo procede de la nada!.47

Esta situación puede dar idea del ambiente tan distinto y de la importancia que esta cuestión tuvo para propios y extraños.

Contexto histórico

El cristianismo nació en el seno de la religión judía y se extendió por la zona de influencia del Imperio romano. Estos dos términos condicionan su teología. Por una parte, heredó del judaísmo un fuerte sentimiento monoteísta, que podría traducirse en una formulación: «Existe un único Dios y, ese Dios, es creador de todas las cosas». Su expansión, sin embargo, se produjo en un entorno marcado por la proliferación de religiones politeístas y sistemas filosóficos, frente a los que el cristianismo tuvo que definirse y distinguirse. Los tres siglos que van desde el comienzo de la predicación cristiana hasta su institución como religión del imperio pueden interpretarse como la forja lenta y paulatina de una teología que exploró todas las variantes permitidas por sus fuentes teológicas y que fue decidiendo, caso a caso, lo que, a juicio de aquellas comunidades, estaba en consonancia con el sentimiento cristiano. La prolongada tensión entre ortodoxia y heterodoxia fue el mecanismo selectivo que, en el siglo IV, dio lugar a la concreción de fórmulas concisas, los símbolos o credos, que hoy conocemos como la base teológica, más o menos estable y mayoritaria, de la religión cristiana. Al lado de dicha ortodoxia, que también presenta sus matices entre las principales denominaciones cristianas (católicos, ortodoxos y protestantes), subsisten hoy por hoy comunidades cristianas afincadas en alguna de aquellas heterodoxias o nuevos movimientos religiosos que reeditan algunas de las mismas.
Bibliografía. Quasten: Patrología I y II ; Trevijano Ramón: Patrología

Fuente: Wikipedia.