1ª Parte

 

Esta semana al comenzar a preparar mi clase para los jóvenes de la iglesia, acerca de la “Genealogía de Jesucristo”, me encontré con una gran dificultad. Debo confesar que de tantas veces que las había leído, nunca había prestado la atención que requería. Aparentemente es un tema sin ¨importancia¨, sin complicaciones al estudiarlo y explicarlo, sin embargo, me tope con pared; no era tan fácil ni tan sencillo de entender, ya que las fuentes directas que nos hablan sobre la Genealogía de nuestro Señor parecen de entrada contradecirse, dicho sea de paso nosotros los creyentes sabemos de antemano que esto es imposible; las escrituras nunca podrán contravenirse; cuando esto sucede, lo más seguro es que nuestra mente no alcance a entender el sentido que el escritor inspirado por el Espíritu Santo quiso expresar en su contexto inmediato.

Después de leer varias veces y leer muchos comentaristas, y por supuesto con la ayuda del Espíritu de Verdad pude asimilar la enseñanza que ahora comparto con ustedes, no para decir que tengo la ¨verdad absoluta¨, sino para enriquecer lo que ustedes puedan haber aprendido, o para explicar lo que otros ya investigaron diligentemente. La existencia de una doble genealogía de Cristo es un ejemplo de aparente contradicción en las escrituras; una la encontramos en el evangeliosegún Mateo, y otra la en el evangelio según Lucas.

Aquí ambos textos:

I. Diferencias:

(a) La primera diferencia que se nota a simple vista es su longitud—siendo la de Lucas la más larga—, (b) después encontramos diferencia en el orden,  una  es descendente, mientras que la de otra es ascendiente —Mateo la primera, y Lucas la segunda—, (3) en tercer lugar tenemos que el orden del lapso entre David y Jesús discrepa casi en todos los nombres —excepto Zorobabel y Salatiel—, (4) y finalmente Mateo omite los ascendientes de Abraham, ya que este evangelio iba dirigido a los judíos especialmente; mientras que la de Lucas es universal.

II. Semejanzas:

(a) Los primero 14 de nombres de Mateo —de Abraham a David—, aparecen también en Lucas.

(b) Salatiel y Zorobabel se encuentran en ambas listas. No necesariamente son los mismos hombres, la mayoría de los comentaristas concuerda que son distintos.

La primera cuestión que surgió fue ¿Por qué dos genealogías? Como podemos observar, son genealogías distintas, que a partir del rey David aparece una clara división en ambas, una toma cauce a través del rey Salomón (Mateo) y en la otra por Natán (Lucas), uno de los hijos de David (1 Cr 3.5). [Ver gráfica al principio]

1 Cr 3. 5Estos cuatro le nacieron en Jerusalén: Simea, Sobab, Natán, y Salomón hijo de Bet-súa hija de Amiel. 6Y otros nueve: Ibhar, Elisama, Elifelet, 7Noga, Nefeg, Jafía, 8Elisama, Eliada y Elifelet. 9Todos éstos fueron los hijos de David, sin los hijos de las concubinas. Y Tamar fue hermana de ellos.

Es importante tomar en cuenta que es probable que Lucas debiera de conocer la genealogía de Mateo, y como es natural siendo él historiador, busco las mejores fuentes para conformar y completar su investigación, pero entonces ¿Por qué discrepa? Y si no lo conocía, ¿Cómo pueden ser tan diferentes? Una respuesta a la ligera, sería que al menos una es errónea. Pero conociendo la historia del canon y cómo se desarrollo la aceptación de cada libro inspirado, me surge una pregunta: ¿Por qué se aceptaron en la iglesia primitiva tales genealogías, si eran contradictorias?

Recordemos también que en el nacimiento del Mesías un empadronamiento fue ordenado por Cesar Augusto, por lo que era fácil tener en la memoria reciente los enlaces genealógicos.

Tomando en cuenta estas premisas, entonces procedemos a buscar las soluciones. Sabemos que a lo largo de la historia hay dos interpretaciones generales: [1] las que entienden que ambas genealogías lo son de José y [2] las que entienden que la de Mateo nos ofrece la de José, mientras que la de Lucas nos indica la línea genealógica de María. Con esto en mente, el presente estudio no es una nueva interpretación, sino una manera de explicar la segunda; que la línea genealógica que ofrece Lucas, pertenece a María, mientras que la de Mateo a José.

¿Por qué es importante la genealogía de Jesucristo?

Aunque Pablo exhorto en alguna ocasión a no hacer caso de genealogías interminables (1 Ti 1.4), con respecto al Mesías es diferente. El interés en las genealogías se fortaleció especialmente debido a la profecía mesiánica, según la cual el futuro Libertador sería la simiente de la mujer (Gn. 3:15), de Abraham (Gn. 22:18), de Judá (Gn. 49:10), y de David (2 S. 7:12, 13).

Para abordar el aparente problema es importante tomar en cuenta algunas consideraciones claves. En primer lugar en las series genealógicas es claro que ninguna de ellas incluye a todos los progenitores y descendientes en las respectivas genealogías. Esto resulta claro en el relato de Mateo, que presenta tres series de catorce ascendientes de Cristo, lo cual tiene un carácter simbólico. Pero también es obvio que entre Adán y Cristo no hubo sólo las generaciones sugeridas por Lucas (77). Ni Mateo ni Lucas pretendieron ser exhaustivos, ni tiene sentido alguno que lo fueran, pues lo único que querían demostrar, era el nacimiento de Cristo como descendiente de David y en cumplimiento de las promesas de Dios a Abraham, para lo cual basta con señalar algunos eslabones, los mejor conocidos, de tal genealogía. Esto podría explicar la notable diferencia que hay en la listas de los evangelistas.

Después sabemos que por lo general, se suele entender que, si bien es claro que las series tienen diferente dirección, —descendente y ascendente—, sin embargo las dos indican una secuencia paralela de padres y de hijos, y, dado que la una termina en José y la otra empieza con él, se da por sentado que ambas refieren la genealogía del mismo. Sin embargo esto trae algunas dificultades, ya que discrepan la mayoría de los nombres a partir de David, siendo imposible que de dos hijos de David —Salomón o Natán— lleguen al mismo hombre que es José; esto nos conduce a pensar que en Lucas el padre tentativo de José sería Elí, mientras que en Mateo sería Jacob.

En segundo lugar en Mateo, de cada miembro de la serie se afirma  que engendró al siguiente —sea de modo inmediato, o por medio de sus propios hijos, nietos y descendientes— hasta que se llega a José, que no engendró a Cristo. Por lo tanto, Mateo nos da la lista escalonada de algunos ascendientes biológicos de José o bien los Descendientes de Abraham, que lo son también legalmente, y sólo legalmente, de Cristo. Esto es innegable: la relación de José con Cristo en la genealogía de Mateo es sólo la de ser el esposo de María —legal y no real—, y por ese título, padre adoptivo, no padre biológico de Jesús.

En tercer lugar, en Lucas se afirma que Cristo es hijo de todos los que se relacionan, exceptuado José, que sólo era su padre adoptivo. No dice  Lucas que José fuera hijo de Elí, ni que Elí lo fuera de Matat, sino que Cristo era hijo de Elí, de Matat, de Leví, etc. Lucas nos da una lista de los ascendientes biológicos de Cristo.

Esta última consideración es la más importante para resolver el problema dado, mientras que Mateo nos da la descendencia de Abraham, que pasa por Judá, por el rey David, tomando el cauce por Salomón hasta llegar a José, con esto demostrando legalmente que el linaje de David era heredado al Mesías; ya que José siendo el padre adoptivo —no biológico— de Jesús, le transfiere los títulos ante la ley y la sociedad de “hijo de David”, toda la herencia que José recibe al ser del linaje de David, pasan a Cristo legalmente. Por otro lado Lucas enlista la ascendencia biológica o según la carne de Jesucristo. En Lucas no se afirma  que cada miembro de la cadena descienda del siguiente, sino que Cristo desciende de cada uno de ellos, exceptuado a José. Jesús, de quien se dice que es hijo de todos los que se relacionan, o sea, descendiente de ellos, menos de José, del que es hijo adoptivo.

Miremos el pasaje y notemos que es interesante como inicia Lucas este enunciado:

“Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José… hijo de Elí”.

Nos damos cuenta claramente que Lucas tiene la intención de no dejar a dudas que José no era su padre biológico, sino ¨según se creía¨. Esto es muy significativo, la implicación según se creía da una pista para entender la intención de Lucas. Si seguimos leyendo parece evidente que Lucas quiere decir que José es hijo de Elí, de Matat, de Leví, etc. Pero eh aquí el punto crucial, la indicación de que Cristo es hijo no biológico de José contiene la afirmación implícita, pero necesaria, de que los demás nombres relacionados corresponden a ascendientes biológicos de Cristo, exceptuando por supuesto a José que sólo se creía que era a su padre, es decir, sólo su padre adoptivo, pero no biológico. Si José es padre adoptivo de Cristo, no por eso todos los antepasados de José son ascendientes adoptivos suyos. La adopción de un hijo no obliga a los padres del adoptante a ser abuelos adoptivos.

Esta desigualdad nos permite entender el sentido de la genealogía de Mateo: Jesús no es hijo o descendiente natural de Jacob, padre de José, ni de ninguno de los antepasados referidos, sino sólo el propio José, pero la adopción legal hecha por éste le trasfiere todos los derechos de su línea genealógica, sin que eso signifique la recíproca, o sea, que todos los ascendientes de José sean adoptantes de Cristo,  sino que son ascendientes carnales de José, tal como indica el “engendró” tantas veces repetido en ella, menos en su propio caso, en el que no se dice que engendrara a Cristo, sino que era el esposo de su madre.

Por el otro lado es ilógico o por lo menos inusual que se elabore una genealogía por la línea no biológica. Y como hemos comprobado la genealogía que Lucas indago, es con respecto a los ascendientes de Jesucristo, no los de José. Y esto da entender la intención que Lucas quiere expresar, dar los ascendientes de Cristo según la carne. Nombra a José, primero porque legalmente José es el padre de Jesús, y además es inusual que una genealogía tenga una mujer como progenitora; asimismo tiene el cuidado de hacer evidente que José no es el padre progenitor de Jesús, sino adoptivo; esto esclarecer el panorama.

Mateo nos menciona el que engendra al siguiente, terminando su lista con José, pero tiene el cuidado para decir que José NO engendro a Jesús; mientras que Lucas da un listado iniciando por Jesús que es “hijo de”, hasta llegar a Adán y Dios, dejando claro que José no es su padre biológico, podemos ver la respuesta implícita entonces que los demás, es decir: Elí, Matat, Leví […] Adán., si son ascendientes biológicos de Él (de Jesús), esto es, según la carne. Esto deja claro que no son los ascendientes biológicos de José, sino los de Jesús.

Esto armoniza con la palabra de Dios:

Hch 2. 30Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.

Ro 1. 3acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de Davidsegún la carne.

Concluyendo, Lucas asigna a Jesús a toda la serie de los ascendientes referidos, excepto José, pues si el carácter adoptivo y no biológico afectara a toda la serie, entonces, todos los en ella relacionados serían padres biológicamente no reales, o sea, falsos ascendientes biológicos, sin ninguna vinculación con Cristo: sería una falsa genealogía de Cristo. Y, por el contrario, si Cristo es verdaderamente descendiente de Adán, que lo es, entonces no lo será por la vía de José, que sólo era su padre adoptivo, razón por la que no era conveniente que la genealogía legal de Mateo empezara por Adán, sino por Abraham.

Finalmente, si se interpretaran ambas series genealógicas como intercambiables, se generarían, al menos, dos contradicciones serias:

(a) David sería un ascendiente sólo adoptivo de Cristo, es decir, no un progenitor suyo, y (b) Cristo sería sólo hijo legal de Adán, o lo que es equivalente, no sería verdadero hombre.

Lo correcto, según los evangelios y el sentido común, es entender que Cristo, por la vía de José, es descendiente legal de David, sin que David fuera necesariamente un ascendiente adoptivo suyo; y que Cristo desciende biológicamente de Adán y es hijo adoptivo solamente de José. En resumen, no es lo mismo una genealogía legal en sentido descendente que en sentido ascendente: si la genealogía de Lucas fuera interpretada como genealogía legal, entonces Cristo habría sido sólo legal, no realmente hombre. Lo cual va en contra de la verdad central del cristianismo, a saber: que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

La genealogía de Lucas no puede, en consecuencia, interpretarse de modo usual, porque lo que quiere expresar no es usual, esto es: de qué varones era descendiente el que no tuvo padre biológico, es decir Jesucristo. El problema pues radica, no en la longitud de la serie, ni en la diferencia de nombres que en ella aparecen —esto es innegable—, sino en la dificultad de no poder encabezarse la genealogía por la única descendencia biológica de Cristo, a decir la de María, pues las genealogías habían de ser masculinas, según la tradición judaica.  Mateo, que describe la ascendencia de José, se encuentra con el problema al final de su listado, es decir, que José no engendro a Jesús y lo resuelve diciendo que José era el esposo de María de quien nació el Cristo. Al igual Lucas que describe la ascendencia biológica de Cristo, resuelve su problemática al exceptuar a José —tal como lo hizo Mateo al final—, diciendo que esté no era su padre biológico, sino adoptivo.

 

2ª Parte

Continuando con la segunda parte acerca de la ¨Genealogía de Jesucristo¨ y esperando que las aparentes contradicciones se hayan desenredado y entendido en mi post anterior, ruego al Señor que así sea. Y como prometí, hablaré en está ocasión de las aplicaciones espirituales y teológicas de la genealogía de Cristo.

Simplemente tenía que ser así y no de otra forma; es decir, que el Mesías sí y solo sí debería descender de David, no solo legalmente, tal como lo vimos en Mateo, sino también según la carne, como el evangelio según Lucas lo presenta. Así pues, se concluye que las genealogías presentadas no se contravienen, sino se complementan y así forman un testimonio fuerte para que no quede lugar a dudas de la ascendencia según la carne de nuestro Señor (Hch 2.30Rom 1.3) y la descendencia legal. Aun así lo importante de la genealogía es mostrar que la Palabra de Dios —El Verbo de Dios, Jesucristo— se hizo carne y habito entre nosotros, y así se diera a conocer la promesa del Padre a Abraham: que de ¨SU SIMIENTE¨, a decir de Cristo, vendría el Salvador yserían benditas todas las naciones. (Gn 26.4b)

 

Como observamos anteriormente, estudiar en sí el linaje de Cristo es algo complicado, ya que por un lado es engendrado por obra del Espíritu en el vientre de María (inusual), y por otro es adoptado por José. Si solo se hubiera escrito la línea paterna, no se hubiera mostrado la ascendencia biológica respecto a David —según la carne—, y si solo se hubiera escrito el linaje de María, aparte de ir en contra de la costumbre, tendría el riesgo María de ser considerada como adultera. Como mencione anteriormente se requería, sí o sí una doble genealogía: una conforme a la Ley, que ofrece la línea legal, y otra distinta, la biológica. Así pues, la doble genealogía no es una coincidencia, ni mucho menos una contradicción, —Dios no hace nada en balde— sino   que fue una decisión del Espíritu de la Verdad que guió a cada escritor de la biblia, para llegar a una verdad contundente.

Una de las razones teológicas fuertes por la cual no podía proceder de padre humano, es porque la simiente de Adán fue maldecida en el huerto del Edén, y así por el pecado de Adán entró la muerte al mundo, así pasó a todos los hombres la naturaleza caída  por cuanto todos pecaron (Romanos 5.12), por tanto el Mesías necesitaba nacer fuera de la simiente de Adán, y es esa la razón por la cual era fundamental que naciera de una virgen sin pecado (Isaías 7.14).

Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.

Dios introdujo el Antiguo Pacto, el de la observancia de la Ley, a causa de las transgresiones, es decir, como el efecto espejo, que no te hace perfecto, pero te hace ver la condición de pecado y te guía a Cristo (Gálatas 3.24). Aunque la fe no anula la ley, la ley está subordinada a la ley de la fe, y Cristo une las dos líneas, es decir: Él no vino a abolir la Ley, sino a cumplirla, y a cumplirla en sus dos ámbitos: llevándola a su perfección, en su espíritu y en su letra, a la vez.

La Ley por sí sola sirve únicamente para condenarnos (Romanos 7.10). La función principal de la Ley era sólo el de ser custodio (ayo), enseñarnos o mostrarnos que sin la gracia de Dios no somos capaces de evitar el mal ni de hacer el bien, produciendo así en el hombre el deseo desesperado de un Salvador. Pero cuando Cristo apareció en el mundo, vino a deshacer las obras del diablo, el Cordero Inmolado que quita el pecado del mundo; Él la tomó —la Ley— sobre sí y la llevó a su perfección, inscribiéndola en nuestro corazón, facultándonos con su gracia para hacer la voluntad del Padre, y dándonos su Espíritu para que la cumplamos con la libertad de los hijos de Dios (Ezequiel 36.26-27).

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

¿Porque hice este paréntesis acerca de la Ley?

Es importante darse cuenta de que cumplir la letra de la Ley a la perfección radica precisamente en darle su dimensión espiritual, o sea, hacer que deje de ser Ley escrita y pase a ser Ley vivida, grabada en tablas de carne, a decir en el corazón. Por eso, la genealogía de Mateo representa el cumplimiento de la letra de la Ley —que debía ser circuncidado y presentado en el templo por su padre humano—, ese cumplimiento tendrá un sentido espiritual; y viceversa, si la genealogía de Lucas representa el cumplimiento del espíritu de la Ley, la promesa de que el Mesías sería Dios con nosotros, ese cumplimiento tendrá un sentido literal, su encarnación. La genealogía biológica cumple el espíritu de la Ley literalmente, la genealogía legal cumple la letra de la Ley espiritualmente.

Nos podemos dar cuenta de que Cristo, que vino al mundo como hijo de David por la vía de María, no trasmitió su genealogía biológica, sino su procedencia divina: vino a hacernos hijos adoptivos de Dios. La procedencia adoptiva es la vía elegida por Dios para salvarnos y hacernos hijos suyos, no sólo de su poder y sabiduría, sino de su amor misericordioso.

(Mateo 12.20)

“Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”.

Él es el único hombre que no tiene padre humano, y por tanto, el único que no ha nacido del cruce de dos líneas genealógicas distintas, sino que tiene una única línea genealógica carnal, la materna y una Divina, la del Padre de la creación. Y habitó entre nosotros para introducir el reino de Dios en la historia y para incorporarnos a ese reino. Así mismo se constituyó mediador entre Dios y el hombre (1 Tim 2.5), habitando en Él —Jesús— toda la plenitud de la deidad, siendo también totalmente humano.

Podemos aprender que la genealogía de Mateo no fue dada simplemente para ¨cubrir apariencias¨, y que nadie pudiera decir nada; sino de su amor y respeto por la Ley y las buenas obras, nos enseña que Cristo no desprecia, ni vino a abolir la Ley, antes bien como arriba se menciona, a cumplir la letra de la Ley en la plenitud espiritual. La descendencia de esta genealogía simboliza la humillación del Verbo de Dios al acercarse a nuestro estado de pecado y hacerse pecado por nosotros y así consumir la salvación para todo aquel que cree. La genealogía que presenta Lucas, nos enseña que Dios cumple a la perfección sus promesas, y que aun sobre las expectativas e inteligencia humana, une a una descendencia biológica con la Divina, haciéndose así mismo, hijo de Dios e hijo del Hombre —Esta es una de las doctrinas fundamentales del cristianismo—.

Por si fuera poco, hay un dato muy interesante por el cual Jesús no podía descender ¨carnalmente¨ de la línea genealógica por parte de Salomón:

(Jer 22.28-30)

¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación, y echados a tierra que no habían conocido? ¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.

Este hombre fue el rey que estaba en el trono en el momento de la deportación a Babilonia, y Dios le dijo lo que le sucedería consecuencia de sus malas obras:

En primer lugar [1] Nada prospero le sucederá en su vida y [2] ¨Ninguno¨ de sus descendientes logará sentarse en el trono de David, ni reinar sobre Judá. Esto puede entenderse en los dos sentidos, en el literal y el espiritual; los dos se cumplieron, ningún descendiente de Jeconías (Conías) jamás fue rey de Judá, cumpliendo Dios así su palabra, y en el sentido espiritual Jesús el Mesías prometido, del que se dijo que no sería quitado el cetro (gobierno) de Judá, no proviene según la carne de Jeconías. Una razón más a favor que la línea que presenta Lucas es la biología y que es a través de María, no viniendo esta de Salomón, ni de Jeconías, sino de Natán el otro hijo de David, estando asi libre de esta maldición.

El Mesías pues, había de entrar en la historia del hombre de dos maneras: una corporal y otra espiritual, una por generación biológica, otra por aceptación libre (adopción), una según las promesas, otra según la Ley, una según la letra, otra según el espíritu, una como descendiente de algunos hombres y otra como ascendiente de todos los hombres. Las dos genealogías de Cristo corresponden a las dos dimensiones del Hijo del hombre: como descendiente carnal de algunos hombres y ascendiente espiritual de todos los hombres.

Las dos concurren en Él, pero de diferente manera:

[1] El linaje carnal termina en Él, sin que tenga continuación, es decir en Cristo ya no hay más descendientes según la carne.

[2] La espiritual tiene en Él su origen, sin que acabe hasta el final de los tiempos. (Mateo 12.20)

[1] Por la primera Él entra en la historia.

[2] Por la segunda los hijos adoptivos entramos en el reino de Dios.

[1] La primera se hizo por la vía de la línea carnal, es decir, por la misma vía por la que entra el pecado, pero sin participación de varón y a través de una mujer (para que no heredará la simiente de Adán).

[2] la segunda se hace por la fe y la obediencia, dones que provienen de la Cruz.

Quiero concluir con una de las tantas lecciones que encontramos en las genealogías de Jesucristo.

En la lista que presenta Mateo,  con sus tres catorces contiene nombres así de mujeres como de hombres, diferente a la costumbre judía de omitir mujeres. No conforme Mateo, también incluye a extranjeras, Tamar, Rahab y Rut,y nombres de quienes en sentido amplio o restringido, eran judíos. Otra cosa que mueve mi atención es en el hecho de que no solamente se incluyen los ¨buenos¨, por ejemplo, Abraham, Isaac, Jacob, sino también los ¨malos¨: Joram, Acaz, Amón, etc. Algunos de estos antepasados fueron malvados en un grado increíble.

La jactancia judaica en cuanto a la descendencia de Abraham, se convierte en un injustificable gloriarse en la carne. Es necio e impío. La salvación no es de abajo, del hombre; es de arriba, de Dios.

En Mateo 1.6  “David engendró a Salomón de la mujer de Urías”.

Vemos que la jactancia judía descansaba mucho en los ¨hombres¨, como David, y parece que Mateo fue imprudente al resaltar el pecado de David, al decir que de la mujer de Urías (Betsabé) nació Salomón, en 2 Sa 11 leemos el escandaloso pecado de David al cometer adulterio y planear un asesinato. En consecuencia, cuando estudiamos toda la genealogía (vv. 1–17) nos vemos impresionados por el hecho de que aun los hombres buenos tenían necesidad de la gracia de Dios, porque ellos también eran pecadores. Ningún ser humano puede salvarse a sí mismo, todos aún los más piadosos a la vista de los hombres pueden ser salvos solo por la fe en el Cristo, Él que había a venir, Él que vino y Él que vendrá.

Decían los discípulos en alguna ocasión ¿Quién podrá ser salvo? La respuesta la conocemos, Jesús la dio: “Porque esto es imposible para los hombres, más para Dios todo es posible”, una verdad muy contundente.

La máxima piedad de cualquier hombre no es suficiente para ¨ganarse¨ el cielo, todos, absolutamente todos necesitamos de la gracia de Dios, de su misericordia y no de su justicia a secas; aunque hay buenas noticias, eh aquí radica el poder del evangelio en que la Justicia de Dios es ¨En Cristo¨, es por la fe; fe, en que Él ha llevado mi pecado, ha pagado la deuda que me condenaba, me ha trasladado a la luz, me ha dado lo que NO merecía, me ha dado paz para con Dios a través de la Sangre del Cordero Inmolado en la Cruz, esto es maravilloso, la única reacciónante esta realidad es estallar en alabanzas, en adoración, en postrarse ante Él Señor de la creación y por siempre y siempre anunciar las virtudes al que es Digno, Jesucristo.

¡Amén!

Fuente: http://jonathaann.wordpress.com/