Hoy me siento como que Dios me estuviera mandando a escribir este tema para ustedes, pues creo que es necesario despertar las conciencias de los “evangélicos” en relación a su denominación y de sus grandes desvíos.Por mucho tiempo la iglesia evangélica ha venido criticando a la Iglesia católica por sus errores —lo cual no me parece mal—y ha sido insistente en resaltar principalmente sus crasos deslices doctrinales. Recuerdo que en los años sesenta uno podía conseguir muchos libros en las librerías evangélicas que trataban sobre el catolicismo romano, al cual le sacaban a la luz todas sus desviaciones doctrinales y sus ritos paganos. Hoy, difícilmente puede usted encontrar esa misma variedad de libros sobre el romanismo en dichas librerías. Pareciera que el ecumenismo ha hecho aflojar bastante esta tarea esclarecedora que antes llevaban a cabo los llamados evangélicos.

 

¿Cuál es el problema con los Evangélicos?

Los evangélicos se enorgullecen en llamarse precisamente cristianos “evangélicos”, como si éste fuera un nombre o título bíblico que los distinguiría como la iglesia apostólica. Sin embargo, ¿qué se quiere decir con “evangélico”? ¿Qué son estrictamente basados en los evangelios?¿Qué son predicadores del evangelio? Bueno, para esto último existe la palabra “evangelista” y este fue el vocablo que Pablo usó en Efesios 4:11 y para Timoteo en 2 Timoteo 4:5, que dice: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista (no, evangélico), cumple tu ministerio”. Así que Timoteo, en todo caso, era un evangelista y no un evangélico, puesto que predicaba el evangelio. Cuando uno dice ser “evangélico” no está diciendo que es un evangelista, y no creo que nadie pueda sacar esa definición de “evangélico”. En todo caso uno podría concluir que un “evangélico” es uno que se guía por los evangelios, ¡pero no necesariamente que predica el evangelio!

Pero seamos más exactos: Como cristianos, ¿somos evangélicos, o más bien bíblicos? ¿No sería más correcto decir, “yo soy un cristiano bíblico?” ¿Acaso no es toda la Escritura inspirada por Dios y útil para enseñar, corregir, etc, a fin de que el hombre sea perfecto para toda buena obra? ¿No nos estamos limitando acaso a los evangelios al decir que somos evangélicos?¿No estamos, sin darnos cuenta, rechazando toda la revelación de Dios? Pero lo cierto es que nadie en el NT se hizo llamar “Cristiano evangélico” o simplemente “evangélico”. Esta es sencillamente otra invención de los grupos denominacionales que quieren distinguirse de lo demás.

 

¡Los “evangélicos” se están volviendo Mundanos!

Viendo cómo los evangélicos se han vuelto laxos con los Católicos a los cuales antes criticaban por sus desviaciones doctrinales, me resultaría ahora incomodísimo identificarme como tal. El nombre o título “evangélico” está venido a menos cuando somos testigos presenciales de cómo este movimiento que tuvo un propósito aparentemente “restaurador” de la verdad en sus inicios, ahora se ha mezclado con la herejía y el mundo. Vemos predicadores evangélicos ecumenistas que van de la mano con los católicos, mahometanos, y hasta con los grupos místicos abiertamente paganos del oriente. Vemos cómo los evangélicos han sacrificado la calidad por la cantidad a fin de hacer de su religión una fuerza religiosa y muy preponderante en el mundo al estilo Vaticano. Hoy somos testigos de grandes “ídolos populares” convertidos al protestantismo evangélico, como Yuri, J.L. Guerra, Marcos Witt, y tantos otros, que tienen un pie en el cielo y el otro en el infierno. Nos sorprendemos al asistir a iglesias evangélicas enormes (mega o súper iglesias) dónde se predica un evangelio facilista, aguado, “light” acompañado de música rock estridente, y hasta el reguetón y el perreo. Todo con el pretexto de “ganar” a los incrédulos, haciéndose como ellos, y vistiéndose y hablando como ellos.
Realmente los evangélicos van de la mano con la cultura de esta sociedad decadente y se han olvidado de que se nos manda a no ser parte de este mundo. Grandes luminarias y modelos evangélicos como Jaci Velásquez, y otras, que se divorcian porque “no me llevo bien con él” y se vuelven a casar, cometiendo adulterio, o como Yuri, que dice ser evangélica, pero que canta para sus amiguitos gays en bares nocturnos, nos dejan perplejos sobre lo que los los evangélicos realmente entienden por cristiano y por santidad.

 

¿Pero Realmente predican los Evangélicos el Evangelio bíblico?

Ahora no sólo los evangélicos están transigiendo al permitir que las mujeres sean las pastoras y co-pastoras de la iglesia, sino que el evangelio que predican no se encuentra en las Escrituras. ¿Cuántas veces ha oído usted, amigo evangélico, predicar a su pastor o “pastora” el evangelio del reino de Dios? Este Reino de Dios es llamado el Evangelio junto con la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo. Ahora encontramos un evangelio nuevo que es el de la prosperidad, por citar uno. Este indudablemente es falso y ajeno a la Escrituras, pero muchos evangélicos le han dado la bienvenida. Han claudicado del mandato o advertencia de Pablo en cuanto a tener cuidado de los falsos evangelios que reemplazarían al único y verdadero que es el que Cristo y sus apóstoles predicaron y que llamaron ‘el Reino de Dios’.

Aun los Católicos siguen cometiendo el mismo error al predicar el novedoso evangelio del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, llamado: “El evangelio social”. También si observamos bien, los evangélicos suelen decir al potencial creyente: “cree en Cristo”, “Dale su corazón al Señor”, “pasa adelante y confiésalo”, “ríndete a sus pies”, “Confiesa tu pecado”, y locuciones como éstas que no encontramos en el Nuevo Testamento. La predicación de Cristo apelaba al buen juicio y a la razón, y para ello Jesús les predicaba a sus paisanos el evangelio o mensaje de un mundo mejor de justicia y de rectitud (El reino de Dios) para todos aquellos que se reconocieran pobres de espíritu, mansos, limpios de corazón, y hambrientos espirituales (Mateo 5). El decía: “Arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado” (Ver Marcos 1:14,15). Sí, Jesús hablaba de un evangelio o mensaje fascinante concreto (la proximidad del reino de Dios) para que la gente procediera al arrepentimiento. Jesús le dijo al joven rico que para ganar la vida eterna debía guardar los mandamientos, y obrar a favor de los pobres dando todo su dinero. Si así lo hacía, él entraría en el reino de Dios (el mensaje “provocador” de Cristo). Pero los líderes evangélicos dicen que si das todo tu dinero a los pastores acomodados, tendrás bendición duplicada. ¿Dónde está eso en la Biblia? Jesús habló de compartir con los pobres, no con los pastores evangélicos o sacerdotes acomodados y vividores de las iglesias.

Lo cierto es que la forma cómo evangelizan los evangélicos difícilmente se podrá semejar al modelo de evangelización de nuestro Señor (y de sus apóstoles), el cual giraba alrededor de Su persona y de su reino venidero glorioso. Hoy, el reino de Dios sabe muy Judío para la llamada Iglesia, de quien se dice tiene una vocación celestial! Ese es el desastroso resultado del dispensacionalismo de J.N. Darby.

Los evangélicos son también culpables de esparcir la enseñanza católica del cielo para la iglesia, cuando en realidad los primeros cristianos esperaban el Reino de Dios en la tierra. En ejemplo es José de Arimatea, el discípulo cristiano que cedió su cripta para sepultar a Jesús: José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43).

Prominentes Evangélicos están añadiendo principios o elementos foráneos a la Biblia como es el caso de Tim la Haye, y su teoría de los cuatro temperamentos para entender la naturaleza humana y mejorar a las personas dividiéndolas según su temperamento básico; y el del Dr. James Dobson, y su evangelio de la alta autoestima, que es creído y seguido por millones de evangélicos en todo el mundo. Otros destacados escritores evangélicos se van enriqueciendo más y más con libros de escatología que más parecen ciencia ficción que verdades estrictamente bíblicas. Allí tenemos a Hal Lindsay y sus libros: “La Agonía del Planeta tierra”, “La Batalla Final”, “Cuenta Regresiva al Armagedón”, y otros como “Dejados Atrás” de TimlaHaye, y J. Jenkings.

 

Los Evangélicos y el Comercio

Cada vez más son los evangélicos que usan la religión para obtener mucho dinero con la ventas de sus libros, como aquellos mencionados arriba, y que han hecho muy ricos a Tim LaHaye, Hal Lindsay, y a muchos otros autores, sin contar con la venta de sus películas bíblicas; o como es el caso del predicador y cantante evangélico Pentecostal, Jimmy “Fogossy” Swaggart, que se hace cada vez más adinerado con las ventas de sus canciones en compactos y de sus prédicas cristianas. Otros crean “ministerios” que lo único que hacen es solicitar apoyo financiero, donaciones, ofrendas, y vender novedades, que les puedan reportar buenos ingresos.

Hoy, la mayoría de las iglesias se han convertido en algo así como sociedades o empresas comerciales con logo y todo, y que compiten para captar el mercado de potenciales creyentes ofreciendo un producto atractivo pero barato y hasta carente de valor. Estos ministerios ya han estudiado las necesidades de su potencial feligresía y han empezado a acomodarse o a adaptarse a lo que la gente quiere oír y lo que le es apetecible a los oídos. Su política pareciera ser: “Sé agradable, sé amigo, sé complaciente, dales lo que quieren oír, no lo que deben saber”. Lo que se trata es tener más “ovejas en el redil para obtener más lana y en grandes cantidades”. Para estos evangélicos el lema sigue siendo: ¡hay que aplicar la mercadotecnia en la iglesia para tener éxito en número de adherentes y en dinero en caja y en los bancos! ¡Tenemos que modernizarnos y dejar atrás la iglesia tradicional, pobre y apática!Pareciera que para los evangélicos la iglesia exitosa es la iglesia rica, grande, lujosa, con una enorme feligresía, con pastores adinerados que viven en mansiones rimbombantes, y autos exclusivos.

Ahora las iglesias pequeñas son vistas con indiferencia y hasta con desdén como si estuvieran malditas y estancadas por su pobreza espiritual. Ahora resulta vergonzoso decir que uno se reúne en una iglesia de 30 miembros o de 50, cuando se las compara con las que tienen 3,000 o más. Se ha creado la impresión de que la dirigencia es inoperante, floja, incapaz, indolente, y hasta maldita.

Hoy los estudiantes de los seminarios quieren ser parte de una iglesia enorme en donde puedan escalar posiciones y llegar a ser pastores principales bien pagados. Finalmente las iglesias pequeñas terminarán por desaparecer porque los pastores ya no querrán pastorearlas por el poco pago que reciben. Parece que finalmente el pez grande se comerá al chico. Ahora los jóvenes pastores que empiezan en su ministerio ven el evangelismo como un negocio, y como una aspiración de ser líderes de mega iglesias que les darán todo lo que necesitan para sentirse realizados. Poco a poco va desapareciendo una verdadera vocación de servicio y sacrificio para la causa del evangelio.

Casi todas las iglesias evangélicas ahora han adoptado la práctica del diezmo, fuera de las ofrendas, para el sostenimiento de su misión. No hay iglesia evangélica que no te saque dinero en cada uno de sus cultos, sea este dominical, sabatino, o de media semana. Siempre correrá la canastilla, y de alguna manera te presionarán a dar aunque sea sólo ofrendas. Ya los templos evangélicos parecen clubes sociales donde se pide dinero para esto o para aquello, para tal obra, o tal celebración. Todos tienen que de alguna manera matricularse con dinero en efectivo. Ya no se puede ser pobre y cristiano. Todos tienen que dar, de lo contrario, serán mal vistos, o serán cuestionados. Ahora las salas de cine se han vuelto en templos de iglesias, iglesias donde se ofrecen de todo: la rosa bendita, la tierra del Sinaí, el pañuelo ungido, el aceite consagrado, o la pulsera protectora. Todo a un precio módico de doscientos dólares. Me pregunto si sólo las colectas semanales o mensuales existían en la iglesia del primer siglo. No hay evidencia de ello en el NT. No encontraremos la imposición de los diezmos, las ofrendas públicas, o las colectas con canastillas o bolsas.
Los evangélicos: El divorcio, las nuevas nupcias, y matrimonios Gay

Los evangélicos son laxos en el asunto del divorcio, pues algunas iglesias evangélicas no aceptan el divorcio por adulterio y otras sí. De modo que si algún evangélico quiere casarse de nuevo, y su iglesia no se lo permite, fácilmente puede ir a otra iglesia evangélica de otra localidad y conseguir que el pastor de turno lo case. Esta ambivalencia de los evangélicos es increíble, y más, cuando la Biblia es clara en cuanto al asunto del divorcio. Y lo más trágico es que hay iglesias evangélicas, como la “Metodista” (la cual olvidó el método—-“y ya no es metódica”) que acepta y bendice el matrimonio entre parejas gay. Así que, ¿para qué identificarse como evangélico si por confesarse así le sacan a uno en cara los escandalosos matrimonios Gay de los evangélicos metodistas?
Los Evangélicos y la Guerra

Mientras que Jesús enseñó a amar a los enemigos, y le prohibió a Pedro el uso de la espada, los evangélicos no tienen ninguna posición definida y determinante en cuanto a la militancia en el ejército y a la participación en las guerras como soldados y oficiales combatientes. Recientemente, muchos evangélicos, como es el caso del hijo de Franklin Graham (nieto de Billy Graham), han combatido, y hasta matado a iraquíes en estos últimos años en Irak. Mañana, probablemente, lo tendremos a este jovencito Graham en una misión internacional, predicando el evangelio a los iraquíes, y entonces algún pariente de un soldado muerto por Graham le dirá: “¡Oye predicador, pero si tú eres un asesino que mataste a mi hijo! ¿Cómo es que me vienes predicar del amor de Cristo, el príncipe de paz, el que dio la otra mejilla? ¡Eres un hipócrita asesino…fuera de aquí! Y me supongo que este padre iraquí tendría todo el derecho de odiar el cristianismo y rechazar todo intento evangelizador por parte de los evangélicos. Al menos los “Testigos de Jehová” (secta que no comparto) tienen una posición clara en cuanto a su neutralidad en casos de guerra.
Los Evangélicos y la política

Hoy vemos a pastores evangélicos envueltos en la política de este mundo malo, y a la vez buscan la riqueza y la prosperidad con el mal llamado “Evangelio de la Prosperidad”, embaucando a sus propios feligreses con el cuento de la “casa propia” al instante. ¿Pero puede acaso el cristiano participar de la política de este mundo sin ser parte de este mundo? Me parece que no. Y es que todos somos conscientes que la política fue, es y será sucia. Y aunque el político quiera ser lo más “puro” posible, tarde o temprano se verá envuelto en escándalos, porque sus enemigos no son necesariamente cristianos y siempre correctos en sus actos o en su decisiones.

Lo cierto es que Cristo no fue un líder político que vino a tomar las riendas del poder en sus tiempos. El sabía que no había llegado su momento para ser el rey del mundo, y sólo se limitó a preparar a su iglesia para su regreso victorioso, cuando gobernaría este mundo decadente y perverso con justicia. Si él nos dio ejemplo de apartamiento o separación de los asuntos políticos de este mundo gobernado por el maligno, ¿por qué los cristianos se quieren adelantar para gobernar en un mundo impío sin posibilidades de éxito?

¿Cuál es el sentido de participar en la política?¿Acaso es para “ayudar” a preparar el camino para el reino de Cristo?¿o es acaso para establecer, por nuestros propios medios y esfuerzos, el reino de Cristo? ¿Acaso necesita nuestro Señor de nuestra ayuda para que él pueda establecer su reino? Pues, No. Ningún hombre puede deponer a las fuerzas diabólicas, sino sólo Jesucristo. Y eso se logrará cuando Cristo derroque el diablo a través de un ángel del Señor, y él se establezca como el Dios de la Era venidera, el rey del Reino venidero.

 

Por Mario Olcese Sanguineti (Apologista)